Iglesia Evangélica de Trafalgar

Nosotros

Las Iglesias Evangélicas nacen en la Reforma Protestante del siglo XVI. La influencia del pensamiento reformado fue grande en nuestro país, pero la Inquisición prácticamente extinguió la llama que arraigó con fuerza en los corazones de muchos españoles. Evidencia de este movimiento cultural es la primera traducción de la Biblia al castellano, realizada por Casiodoro de Reina en el siglo XVI, que sigue siendo la versión española de la Biblia más difundida en el mundo, y hoy es reconocida como una joya de la literatura hispana. A pesar de la persecución, muchos españoles se han confesado evangélicos desde aquella época y podemos encontrar iglesias y capillas evangélicas desde mediados del siglo XIX. Muchas de estas iglesias ya han celebrado su centenario.


¿QUÉ CREEMOS?


I.- Dogmas Fundamentales

Biblia y Tradición

Creemos que la Biblia, que comprende los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento, es la Palabra de Dios, y que ha sido escrita por varones inspirados y dirigidos por el mismo Espíritu de Dios (2ª Pedro 1. 21). Esta Biblia es nuestra única autoridad en fe, moral y religión.


La tradición no tiene valor para nosotros sino cuando se halla completamente de acuerdo con las Santas Escrituras, y la rechazamos, sea cual fuere su origen, siempre que sus enseñanzas están en contradicción con las de la Biblia; y decimos que la rechazamos, porque no queremos merecer aquel reproche de Jesús a los fariseos: Vosotros invalidáis la Palabra de Dios por vuestras tradiciones (Marcos 7. 9, 13)

Trinidad

Los protestantes creemos en un Dios con tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo (Mateo 28. 19), y que estas tres personas, completamente distintas entre sí, de una misma naturaleza e iguales en poder y en gloria, son un solo y mismo Dios. El Padre nos ha creado y vela por nosotros por medio de su sabia y bondadosa Providencia; el Hijo nos ha redimido mediante su expiatorio sacrificio e intercede en nuestro favor; El Espíritu Santo atrae al hombre hacia Dios y le convida y excita al arrepentimiento. Jesús es para nosotros el Mesías primetido en las profecías, el Hijo eterno del Padre, Salvador del mundo.

Pecado y redención

Creemos: Primero. Que el hombre salió puro de las manos de Dios, pero que hizo mal uso de su libertad y se sirvió de ella para rebelarse contra su Creador. Creemos, además, que, en virtud de ese lazo de solidaridad misteriosa que existe entre los hombres, todos los miembros de la gran familia humana han heredado el pecado de los primeros padres (Romanos 5. 12, 13) y se han puesto bajo la condenación divina, pecando como ellos: La paga del pecado es muerte (Romanos 6.23).


Segundo. Creemos que el hombre puede ser libertado de la cólera y condenación divina, por la redención que hay en Cristo Jesús (Romanos 3. 23); porque tanto ha amado Dios al mundo, que le ha dado a su Hijo único, para que todo aquel que en Él crea no perezca, sino tenga vida eterna (Juan 3. 16).


Tercero. Creemos que el hombre no puede salvarse sin tener una fe viva en la persona y obra expiatoria del Salvador y sin confesarle sus pecados con arrepentimiento profundo; y de aquí proceden la justificación, la regeneración, o nuevo nacimiento, y la santificación.


Cuarto. Creemos que la gracia de Dios se ofrece gratuitamente a todos los hombres, y que toda alma sincera y realmente convertida a Dios recibe el perdón del mismo Jesucristo.


Quinto. Creemos en las buenas obras como frutos de la fe, no como méritos delante de Dios.


Sexto. Creemos, en fin, que todos aquellos a quienes Dios haya llamado y a quienes Cristo haya sido anunciado, si rehusan obstinadamente enmendarse y aceptar la misericordia, serán condenados a la perdición.


II.- Instituciones del Cristianismo

La Iglesia y el ministerio

Los protestantes creemos que la Iglesia se compone, no de una casta privilegiada de hombres, ni de miembros de una sola comunión cristiana, sino de todos cuantos en las distintas Iglesias aman y sirven fielmente al Señor Jesús.


Los protestantes no reconocemos Jefe alguno visible y universal en la Iglesia; no tenemos otro Jefe que el de los Apóstoles, esto es, Jesucristo, el Obispo y soberano Pastor de nuestras almas, y, por consiguiente, miramos como una usurpación y una impostura el que un hombre débil y pecador como nosotros ose abrogarse los títulos de Vicario de Jesucristo, Santo Padre, Padre de los fieles, Dios en la tierra, etc., y, además de esto, el que se atribuya el derecho y el poder absoluto e infalible de salvar o perder las almas.


Creemos también que es el Hijo mismo de Dios el que ha instituído el ministerio evangélico (Efesios 4. 11); que Él es quien pone al frente de las congregaciones cristianas los pastores; que es el que los califica para su obra; Él, en fin, quien los llama a su santo servicio. Estos pastores deben predicar el Evangelio, apacentar las almas, ser modelos de su rebaño, gobernar la iglesia, vigilar para que no se introduzcan en ella falsas doctrinas ni se relaje la disciplina. Y, sin embargo, los pastores no son los dueños del rebaño, sino sus servidores; y si son fieles y sabios tienen en todo instante presente esta exhortación apostólica: "Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto, y no como teniendo señorío sobre las heredades del Señor, sino siendo dechados de la grey.

Los Sacramentos

Los protestantes creemos que el Señor Jesús no ha instituído sino sólo dos Sacramentos, porque el Nuevo Testamento no hace mención de otros, y que estos dos son el Bautismo (Mateo 28. 19) y la santa Cena (Mateo 26. 26).


El Bautismo es la señal o signo de la purificación interior llevada a cabo en el alma de los creyentes por la gracia de Jesucristo, purificación que el Evangelio designa con el nombre de nuevo nacimiento. La santa Cena es una solemne conmemoración de la muerte expiatoria de Jesucristo, que recuerda al alma fiel que el Hijo de Dios se ha ofrecido por ella en sacrificio vivo y santo.


III.- El Día del Señor

Los protestantes creemos que el día de reposo debe ser puntual y fielmente observado y santificado; no sólo porque es un manantial de bendiciones para las familias y para los individuos, sino también porque es de divina institución; existía antes de la ley y desde el origen del mundo: "Dios bendijo el séptimo día y lo santificó" (Génesis 2. 3); fué recordado y promulgado en el Sinaí: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo", y, en una palabra, el Salvador sanciona el día de reposo y confirma su excelencia cuando dice: "El sábado ha sido hecho para el hombre".


He aquí por qué los protestantes, que temen y reverencian al Eterno, creen que es un deber para todo cristiano y para todo hombre poner aparte un día de los siete, para en él descansar y al propio tiempo consagrarle al servicio de Dios.



Bibliografía: El Protestantismo. Lo que creen y lo que no creen los protestantes