Iglesia Evangélica de Trafalgar

Historia iglesia

En este apartado reproducimos en buena medida el contenido del artículo publicado en el Núm. 130 de la revista “Edificación Cristiana” en Noviembre-Diciembre de 1988, con motivo del cumplimiento de los 125 años del establecimiento de las Asambleas de Hermanos en España. Se reproduce concretamente lo escrito por D. Pablo Enrique Le More y D. Juan Solé, este último ya con el Señor.

 

Prolegómenos


Según tenemos constancia, el primer misionero del ámbito de las Asambleas de Hermanos que llegó a España fue Roberto Chapman en el año 1834. Era un abogado londinense, políglota y siervo del Señor en Barnstaple (Inglaterra), identificado gozosamente con los principios del movimiento de los “Hermanos” en cuanto reflejaban el cristianismo de la era apostólica, no sólo en la letra, sino también en el espíritu. Allá por el año 1824, Chapman había dicho que “tan pronto como fui liberado de una vida egoísta y pecaminosa por el Evangelio de Cristo, el estado espiritual de la Península Ibérica empezó a pesar sobre mi corazón. Vosotros sabéis que, durante siglos, España ha estado subyugada bajo el poder de la iglesia romana; y allí, el nombre de Cristo ha servido de capa bajo la cual se ha practicado la idolatría más abominable que jamás haya provocado a Dios…”.


Hizo varios viajes misioneros a España. Su primer recorrido lo hizo individualmente –dos años antes de que llegara Jorge Borrow– andando gran parte del camino desde Santander a Madrid y de allí a Lisboa pasando por Talavera de la Reina y Badajoz.


La segunda vez (año 1839), vino acompañado por dos discípulos: Pick y Handcock, Chapman quiso iniciar una obra misionera más duradera, recorriendo Galicia, Asturias y Santander. Luego se detuvieron en Bilbao y San Sebastián, donde visitaron amigos y donde Chapman ministró la Palabra de Dios a los voluntarios de la Legión británica que habían luchado contra los carlistas. También visitaron a conocidos y simpatizantes en Madrid y Sevilla. Yendo de ciudad en ciudad, iban distribuyendo Evangelios y Nuevos Testamentos y hablando individualmente del Cristo de las Sagradas Escrituras, de su inagotable perdón y de la perfección de su obra redentora, que no admite añadiduras.


“El propósito que tenía” –confesó Chapman“era el de dar a conocer el Evangelio del modo que lo hizo el Señor Jesús a la mujer samaritana, y como hizo el apóstol Pablo en Filipos, cuando habló a las mujeres que se reunían a orillas del río” Así, llevaron algunas almas al conocimiento salvador de Cristo y establecieron diversos contactos con personas que anhelaban un cristianismo más puro y auténtico; pero más no pudieron hacer, debido a las condiciones sociopolíticas y religiosas de la época. No obstante, Chapman oraba diariamente para que el Señor abriera una puerta y hablaba por doquier de las necesidades espirituales de España.


Así, 24 años después (año 1863), pudo recorrer por tercera vez nuestra “Piel de Toro”. En esta ocasión, le aompañaban dos nuevos discípulos: Guillermo Gould y Jorge Lawrence. Los tres pioneros del Señor fueron de ciudad en ciudad, sintiéndose deudores a castellanos y aragoneses, a vascos y andaluces, a gallegos, levantinos y baleares y siguieron hablando de Cristo en Barcelona, Madrid, Valencia, Lisboa, Palma de Mallorca, Alicante, etc. En Mallorca, Chapman visitó a un ingeniero inglés y ferviente testigo de Cristo: Guillermo Greene. Fruto de su testimonio fue la formación de una asamblea neotestamentaria en Palma de Mallorca (anterior a la obra metodista) y que en 1875 contaba ya con 40 miembros.


Finalmente, Chapman volvió a Inglaterra al cabo de 15 meses, dejando a sus dos discípulos aquí, quienes sufrieron persecución, teniendo que huir a Francia y siendo condenados en rebeldía a nueve años de cárcel, sentencia semejante a la que fueron condenados Manuel Matamoros y sus compañeros en Andalucía. (Chapman falleció en 1902, a los 99 años; según un testigo, "con aquella voz que tan a menudo y con tanta lucidez había explicado las Escrituras a centenares, citando pasajes bíblicos casi incesantemente. Su corazón estaba lleno de las Escrituras. Finalmente, poniendo una mano sobre el pecho, dijo: Aquella paz (Fil. 4:7) la tengo yo aquí".)


“Nuestros dos primeros años de servicio en España”, contará más tarde Jorge Lawrence, “los empleamos en visitar muchos lugares y en introducir centenares de ejemplares de la Palabra de Dios. Éstos, no sólo fueron entregados a personas interesadas, sino que fueron distribuidos también en jardines públicos. Así pudimos conocer los sentimientos del pueblo español, aumentando nuestra convicción de que no estaba lejos el día cuando todas las barreras caerían y la Palabra de Dios tendría libre curso…” Son palabras proféticas que se cumplieron a los tres años, cuando en medio del hambre y del profundo malestar político estalló la Revolución de 1868. Isabel II tuvo que abdicar y los generales Prim y Serrano formaron un gobierno liberal, iniciando el llamado “Sexenio Democrático” (1868-1874). Éste empezó en un ambiente de exaltada libertad y acabó en la más completa anarquía.


Para la causa evangélica, ese breve y agitado periodo permitió la instauración de la libertad religiosa, por vez primera en toda la Historia de España.

 

            Aprovechamos la puerta abierta de par en par, y volvimos aquel mismo año de 1868 , sigue contando J. Lawrence. “Hallamos a la gente gozosa y llena de alegría y el único exceso que (al parecer) se cometía, era el afán de comprar cualquier libro o periódico en el que estuviera impresa la palabra “LIBERTAD”…

 

            “Tan pronto como pasamos la frontera”, añade Gould, “notamos el profundo cambio operado en la gente (…) Ahora, al anunciar la salvación en Cristo y al distribuir porciones del Evangelio, todos deseaban oír con la mayor atención. Cuando llegué a Madrid, supe que el hermano Lawrence había logrado alquilar, en una calle céntrica, una tienda con amplio escaparate donde podía distribuir y vender los Evangelios a precios ínfimos…” Se supo más tarde que era una sombrerería, sita en la Carrera de San Jerónimo, frente al Parlamento. Allí, un fanático disparó su pistola contra Lawrence, pero el Señor protegió a su siervo. Cuando la proclamación de la Regencia, la comitiva oficial pasó a escasos metros del puesto evangélico y oyó proclamar –con voz clara y potente– las Buenas Noticias del auténtico Cristo; pudiendo leer los grandes textos bíblicos expuestos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo Unigénito…” “Arrepentíos, y creed al Evangelio”. “porque hay un Dios; asimismo un Mediador entre Dios y los hombres: Jesús-Cristo hombre”.


            Así, tanto la Revolución del 68, como la monarquía democrática de Amadeo I y la posterior primera república permitieron el inicio de la Obra evangélica pública en toda nuestra Península; y pronto se formaron iglesias en Mahón, Sevilla, Cádiz, Madrid, Barcelona, Cartagena y Córdoba.


Los comienzos en Madrid


Desde un principio, Gould y Lawrence escogieron Madrid como centro de sus actividades misioneras. En este período inicial de libertad, la primera y más urgente tarea era la de dar a conocer la Palabra de Dios a todo el pueblo español. Luego, hubo que abrir escuelas primarias para que el pueblo llano aprendiera a leer, ya que más del 80% del mismo era analfabeto.


En cuanto a las necesidades pedagógicas de la época, una pluma neutra las califica como sigue: “Los protestantes trajeron a España la pedagogía moderna de sus respectivos países, escandalizándose del sistema casi medieval de nuestras escuelas. En un país con mayoría de población analfabeta, estas escuelas protestantes no sólo contribuyeron a paliar el “déficit de plazas escolares” –secularmente arrastrado– sino que brillaron con luz propia” (Véase: “Protestantes en España”, por Isabel Valcárcel; en “Historia 16”, nº 111; págs. 106-107).


Con el decidido apoyo del colportor José Ríos y del músico, himnólogo y potente predicador Mateo Cosidó, Gould y Lawrence no desaprovecharon ocasión alguna de testificar. Durante una gran manifestación republicana en honor de los fusilados del cuartel de San Gil, aprovechando la concurrencia, en hora y media pudieron vender (siempre sin el menor afán de lucro) más de tres mil evangelios, 2.500 epístolas paulinas, más unas decenas de Biblias y nuevos Testamentos; repartiendo además unos 7.000 folletos de evangelización. Estos se titulaban, verbigracia: “Carta a un amigo sobre la Redención” / “Reflexiones sobre la Eternidad” / “Un Salvador para ti” / etc.

 

            Y llevaron a cabo otras distribuciones masivas con motivo de la fiesta de S. Isidro, en Madrid; luego aprovechando las ferias de Toledo, Alcalá de Henares, Medina del Campo, Salamanca, Valladolid y Sevilla. Siempre con la eficaz ayuda de J. Ríos y M. Cosidó, recorrieron asimismo Aragón, la Rioja y Navarra, repartiendo miles de evangelios y folletos. ¡Ningún esfuerzo era demasiado para dar a conocer el inefable amor de Cristo!

 

            Luego, por el conocimiento acumulado y las experiencias vividas durante esos años en noviembre de 1869, Jorge Lawrence se trasladó a Barcelona para proseguir allí los trabajos de evangelización iniciados anteriormente.


            En cuanto a Gould, siempre secundado por Ríos y Cosidó, decidió abrir dos locales en la Villa y Corte. El uno, ubicado en la calle Amaniel, servía para las escuelas durante la semana y de sala de evangelización los domingos. El otro local o “Sala Evangélica de la Paz”, con capacidad para 400 oyentes, se inauguró el día de Reyes de 1870, poco después de que Guillermo Greene llegase de Mallorca. Viendo las necesidades espirituales de la capital, Greene dejó su carrera de ingeniero para consagrarse plenamente a la Obra del Señor. En la primavera del mismo año, se añadió al primitivo grupo de “hermanos” madrileños el ex-sacerdote Tristán Medina. Su poderoso verbo (que contrastaba los errores de Roma con el sencillo Evangelio de Cristo) atraía –varias veces a la semana– a centenares de oyentes; unos con auténtica inquietud espiritual, otros interesados tan sólo por la polémica.


La obra era más que prometedora, mayormente al alquilar Greene (en enero de 1871) un tercer local, sito en la calle Calatrava, nº 25, que había servido de salón de baile. Pero, antes de finalizar 1870, Gould y luego Cosidó fueron llamados a la presencia del Señor y, 18 meses más tarde, Greene se marchó de Madrid. Antes, entregó tanto la “Sala Evangélica de la Paz” como el local de la calle Calatrava a la Comisión Central de la “Unión Evangélica Española”, obra dirigida por el misionero alemán Fritz Fliedner.


El establecimiento en el barrio de Chamberí


La consolidación de la obra de las asambleas en Madrid se debe a la estancia del evangelista Carlos Faithfull, que llegó aquí en el otoño de 1872 y vivió en el barrio “extramuros” de Chamberí. Allí, con la colaboración del colportor José Ríos, abrió unas escuelas y un local evangélico en la actual calle de Eloy Gonzalo, nº 10. Muy pronto, dos antiguos alumnos de Spurgeon (que Lawrence había traído a España) vinieron para ayudar en la Obra de Chamberí. Eran Tomás Blamire y su sobrino Jaime P. Wigstone, que pocos años más tarde iniciarían el trabajo pionero de las asambleas en Galicia. Mientras tanto, ambos estuvieron evangelizando al aire libre en los pueblos limítrofes de Getafe, Valdemoro, Barajas, Chamartín y Fuencarral.

 

            Para situar mejor las cosas, tengamos en cuenta que –cuando Faithfull llegó– la Villa y Corte contaba con 300.000 habitantes, diez iglesias evangélicas con un total de 3.240 miembros y 9 escuelas diarias con más de 450 alumnos en total. Un lustro más tarde, con la restauración monárquico-conservadora, dichos guarismos se redujeron sensiblemente. Y es que, cuando se proclamó la libertad religiosa, el interés por el protestantismo obedeció a varios factores. Unos eran espirituales; otros no: como la mera curiosidad, el anticlericalismo secular o la oposición política. Es el ambiente que conoció un joven periodista canario (Benito Pérez Galdós), que luego lo plasmaría no sólo en sus “anabaptistas” de Lavapiés y los presbiterianos de las Peñuelas, sino que tanto en “Fortunata y Jacinta” como en “Tristana”, menciona a los “Hermanos”. Al hablar de la maestra de inglés de Tristana, Galdós dice que era una misionera que “ejerció en la capilla evangélica” de Chamberí.

 

            Gracias a una vigorosa predicación del Evangelio refrendada por vidas transformadas y una eficaz penetración social por medio de las tres escuelas (con casi medio millar de alumnos), el testimonio del Señor se fue afianzando en el barrio de Chamberí a pesar de la creciente oposición clerical. El pueblo llano apreció también la labor humanitaria y desinteresada de los “hermanos”: Clases de costura y reparto de sopas populares / clases nocturnas para adultos y estudios bíblicos / creación de una pequeña casa de huérfanos y de un incipiente Hospital evangélico, atendido por el Dr. Fenn.           

 

            Desde Madrid, se siguió evangelizando en diversos pueblos: en la década de los ochenta Juncos y Azaña (Toledo), donde había varios creyentes; y también Torrelaguna, más otros dos pueblos de la sierra madrileña. Por aquella década, la asamblea cristiana de Chamberi contaba ya con un centenar de miembros comulgantes.


            De 1874 a 1895, el matrimonio A. Fenn sirvió de puntal a la obra ya que, a los dos años de su llegada, Carlos Faithfull se marchó con otros tres misioneros a Vitoria para iniciar un nuevo testimonio en las Vascongadas. Tras año y medio de continua persecución y duras luchas, Faithfull tuvo que renunciar a su empeño.


El local en calle Trafalgar (Barrio de Chamberí)


En el barrio madrileño de Chamberí, a finales del siglo XIX (y tras 26 años de fiel y agotador ministerio) el matrimonio Fenn se vio obligado a regresar a Inglaterra, por graves motivos de salud (D. Alberto Fenn pasó a la presencia del Señor el 3 de Agosto de 1896). Tuvieron que sustituirle y llamaron al veterano Carlos Faithfull, quien estaba a la sazón en Marsella (Francia). A pesar de los violentos ataques del “padre” Bocos y de las damas catequistas, Faithfull hizo honor a su apellido (Faithfull en castellano viene a significar "Fe plena" o "Lleno de fe"). Supo dar nuevos bríos a la obra escolar en C/ Eloy Gonzalo y en el barrio de las Pozas y, asimismo, a la “misión evangélica de Chamberí”. Su gran acierto, fue la compra (en 1896) de un amplio solar en la calle de Trafalgar, donde se pudieron edificar las aulas escolares y la “capilla”. Con ello asentaba la obra en la geografía madrileña, evitando unas continuas mudanzas debidas a presiones eclesiásticas.

Fotografía que muestra el edificio de la antigua Capilla de Chamberí (C/ Trafalgar, 34), entre los años 1896 y 1946. El patio se encontraba delante de la capilla, a diferencia de como se encuentra en la actualidad. (Foto cedida por Jerónimo García).


Diez años más tarde, Faithfull regresó a su patria terrenal y, en 1907, le sucedió el misionero Tomás Rhodes, recién casado con Amelia Plummer. Durante 30 años, pastorearon la asamblea en C/ Trafalgar, abriendo nuevos campos de evangelización en el suburbio madrileño de Tetuán de las Victorias (hoy Barrio de Tetuán), en el pueblo de Chinchón y en diversos puntos del Valle del Tiétar (Ávila).


A partir de 1920, vinieron a colaborar nuevos pioneros de Dios: Arturo Chappell y Ernesto Trenchard. El primero llegó en 1926 a la capital de España, tras seis años de duro trabajo en Orense; Trenchard estaba ya en Madrid, ocupándose del grupo de jóvenes e intentando interesarles en un estudio más completo de la Biblia. En 1929, ambos jóvenes misioneros fundaron la revista “El Joven Cristiano”. En sus 20 páginas mensuales (¡a 25 céntimos el ejemplar!) aparecieron no sólo buenos estudios bíblicos de Edmundo Woodford o Tomás Rhodes, sino las primeras poesías de Mariano San León y la prosa de Santos García Rituerto, Gabriel Sánchez, Sagrario Bartolí o Audelino González Villa.


De la numerosa y prometedora asamblea de Chamberí salieron tres evangelistas españoles, dedicados a pleno tiempo: en 1922, Cecilio Fernández (primero en el valle del Tietar y luego en Galicia); cinco años más tarde: Francisco Fernández García (colaborador de Trenchard en Piedralaves y Arenas de San Pedro); y en 1933 Gabriel Sánchez, quien sería asesinado en Navarres de Enmedio (Segovia) por unos nacionalistas católicos, en Julio de 1936.


El periodo de 1936 a 1964 tiene mal principio: LA GUERRA CIVIL. Alguien ha escrito: “La guerra es un mal asunto, sin compensación posible, ni mezcla de bien alguno”. Así fue. Para el testimonio evangélico, más que el principio de algo, fue el fin histórico de muchas cosas que eran, o se presumían, positivas y favorables.


Las escuelas evangélicas sintieron el efecto de la guerra, y de la post-guerra. Las iglesias constituídas, necesitadas como minoría de intercomunicación, quedaron separadas geográficamente por la divisoria del frente bélico y las dificultades para los viajes y la comunicación en general. Las movilizaciones por la guerra no sólo disminuyeron la membresía de las asambleas, sino que contribuyeron a la dispersión de familias que tenían que buscar refugio y ayuda en otras localidades.


Los misioneros que trabajaban desde muchos años y sobre los que, en algunas iglesias recaía principalmnte la enseñanza y el pastoreo, tuvieron que regresar a sus lugares de origen; ausencia que en algunos casos se prolongó por los efectos de la II Guerra Mundial.


También sufrió grandemente la difusión de la Biblia, muy activa durante la etapa anterior, principalmente durante la Segunda República, mediante los Coches Bíblicos y establecimientos públicos. De igual manera, campañas de evangelización en teatros, y la celebración de Congresos Evangélicos, de afirmación y testimonio público, disminuyeron hasta extinguirse debido al ambiente de guerra que se hacía sentir más a medida que avanzaba el conflicto.


Cabe destacar que durante buena parte de este periodo, “la comunión en el evangelio” era notable entre las Asambleas y las otras denominaciones evangélicas, que se manifestaba en el intercambio de predicadores y en consultas locales entre guías de las diferentes iglesias. Ello permitió, entre otras manifestaciones de comunión activa, las fructíferas campañas de “Juventud para Cristo”, y la reanudación de las actividades de la “Alianza Evangélica Española”. (…)


En este campo de la comunión y la edificación mútua entre las Asambleas, arraigaron con gran provecho espiritual las conferencias bíblicas o cultos especiales o cultos anuales, (de varias maneras eran llamados) en algunas regiones, lo que daba lugar a que varias veces al año tenían ocasión de encuentros que eran auténticos fomentos espirituales para los hermanos en las asambleas.


Fallecido Tomas Rhodes (1 de Mayo de 1940), ocupó su puesto Juan Biffen quien vino a Madrid junto con su esposa Margarita desde Gijón donde habían permanecido desde 1921 a 1937. La necesidad de un nuevo local debido al mal estado del anterior y la situación política, condujeron a la construcción de un nuevo edificio en la Calle de Trafalgar, 32 que consistiría en un bloque de siete plantas destinado a viviendas de alquiler que albergaría en su interior y en la planta baja, de forma un tanto disimulada, el local de cultos que permanece hasta la actualidad.


Fue con motivo de la inauguración del nuevo local en la calle de Trafalgar, 32 (Noviembre de 1947) y a partir de ella, que la iglesia de Chamberí convocaba, para celebrar el aniversario, a unas conferencias (llamadas “de Trafalgar”, o “de Madrid”) que pronto adquirieron un tácito rango de nacionales, tal era la asistencia de hermanos de toda España, y tal la bondad y oportunidad del ministerio de hermanos invitados para dirigir los mensajes y los estudios bíblicos. Una buena reunión llamada “de ancianos y obreros”, que se celebraba en estas ocasiones, facilitaba la intercomunicación de criterios ante las necesidades del momento y la visión de futuro, en las que no decayó la comunión, en un espíritu de consulta y orientación mútuas.


En el "Escudriñador Bíblico", revista editada por los jóvenes de la iglesia en C/Trafalgar, de  fecha 16 de Octubre de 1947, se encuentra una referencia a la inauguración de la nueva Capilla, que nos parece muy interesante incluir aquí. El relato pertenece a Fernando Cabrera, quien fue pastor de la iglesia en la Calle de Beneficiencia en Madrid, ubicación muy cercana a la Calle de Trafalgar.


HISTORIA DE LA CAPILLA.-


Por circunstancias ajenas a su voluntad, don Fernando Cabrera, pastor de la iglesia de Beneficiencia, no pudo asistir a la inauguración; pero, amablemente, nos ha dado unas cuartillas, que publicamos a continuación:


"Nunca es más interesante un asunto como cuando la actualidad lo pone sobre el tapete, y así, nunca se leerá con más interés cuanto vamos a referir que ahora que, por diferentes circunstancias, la iglesia de Trafalgar ha estado en el primer plano de la actualidad evangélica de la capital de España. Mucho más nos hubiera agradado haber contado estas cosas, y así nos los proponíamos en el acto de la inauguración del nuevo local de la citada iglesia; pero ya que circunstancias imprevistas no nos permitieron asistir a él, sea la pluma la que hable por nosotros.


Pocos meses después de que la revolución del año 1868 abriera las puertas de España a la libre predicación del evangelio, llegaron a Madrid tres misioneros ingleses: don Enrique Payne, don Jorge Lawrence y don Alberto Fenn. Permanecieron en la capital algunas semanas, y luego marcharon a Barcelona, donde muy pronto dieron comienzo a la labor evangelizadora. Los dos primeros continuaron en la Ciudad Condal, donde llevaron a cabo una intensa obra y donde acabaron sus días en este mundo. Pero el señor Fenn volvió muy pronto a Madrid, y ayudado por otro misionero, don Carlos Faithfull, empezaron la obra que se habían propuesto realizar, fijándose para sus trabajos en la barriada de Chamberí.


¡Chamberí! ¡Quién que te conoció entonces te conocería ahora! Entonces era un pequeño barrio situado fuera de puertas, algo por el estilo de lo que es el actual barrio de Usera; hoy es uno de los distritos más grandes de la capital y con una densidad de población bastante mayor que la de muchas ciudades de España. Todas esas manzanas de soberbios edificios situados desde el antiguo paseo de Areneros hacia el lado norte, y desde la calle de Galileo hasta la de Almagro, no eran más que desmontes donde iban a pacer los rebaños de cabras y donde los niños eran llevados por sus nodrizas para disfrutar del sol y para entregarse a sus juegos. Todas esas manzanas de casas de la acera de los pares de la calle de Carranza eran nada menos que el quemadero de la Inquisición en los tiempos en que ella mandaba aquí. Esa inmensa zona que forman los pabellones de los tranvías y las calles de Donoso Cortés, Galileo y adyacentes era un gran cementerio, llamado la Patriarcal del Norte. Ya se comprenderá por cuanto decimos que las casas que allí había eran de lo más modesto y sus vecinos eran casi todos de la clase obrera. Pues no obstante, este barrio fué muy pronto objeto de la solicitud cristiana en los comienzos de la evangelización de España.


Allá por el año 1873, don Carlos Faithfull empezó a dar conferencias sobre el evangelio en un piso primero del paseo de La Habana, paseo que desde hace ya bastantes años cambió este nombre por el de Eloy Gonzalo, uno de los héroes de las últimas guerras coloniales. Poco después se abrió un colegio de niñas, al que siguió muy pronto la apertura de uno de niños, y fué tal la acogida que todos estos esfuerzos obtuvieron, que ya no fué posible continuar más tiempo en aquel local por resultar ya insuficiente. Entonces la Misión se trasladó a una casa de la glorieta de Quevedo, esquina a la calle de Arapiles, donde hoy se levanta un edificio construído hace pocos años, con grandes almacenes de géneros para señoras. En la casa que allí existía estuvo la Misión por espacio de veintiún años. El día 1 de noviembre de 1874 fué un día grande, pues en tal fecha quedó constituída formalmente la iglesia de Chamberí, y en esa fecha y por primera vez sus miembros participaron de la Mesa del Señor. ¡Quién había de pensar entonces lo que en esa misma fecha y a esa misma iglesia había de ocurrirle setenta y dos años más tarde! Y gran parte de los años transcurridos en el local de la glorieta de Quevedo ejerció allí su pastorado don Alberto Fenn, al que sucedió en el mismo el señor Faithfull, que, habiendo sido el que comenzó la obra y marchado a Inglaterra, volvió de nuevo para hacerse otra vez cargo de ella.


La persecución de que siempre han sido objeto los evangélicos obligó a los hermanos de Chamberí a buscar otro local, encontrándolo en la calle de Trafalgar, número 34, donde se trasladó la congregación en 1894, adquiriendo poco después la propiedad del edificio donde se había instalado. Como ya hemos dicho, al señor Fenn le sucedió al señor Faithfull, a éste don Tomás Rhodes, y fallecido éste no hace muchos años, ocupó su puesto don Juan Biffen, que hacía pocos años se había instalado en Gijón, y de donde vino para hacerse cargo de la iglesia de Chamberí, y bajo cuyo pastorado se ha construído el magnífico edificio de las calles de Trafalgar y Quesada.


¿Qué podríamos decir muchas otras cositas acerca de esta iglesia?... ¡Quién lo duda! Pero todo lo que pudiéramos decir son cosas que saben los que nos leen mucho mejor que nosotros, y por eso, antes que seguir molestando su atención, preferimos hacer aquí punto final. ¡Que la iglesia de Chamberí, una de las cuatro iglesias más antiguas de Madrid, siga siendo en el distrito de Chamberí como una luz puesta sobre un monte que nadie pueda apagar! Este es nuestro sincero deseo."


Fue a partir de 1954 (la 8ª Conferencia Anual de Madrid) que se organizó conjuntamente por las asambleas de Trafalgar y Duque de Sesto, a las que en el devenir de los años (D. Juan Biffen pasó a la presencia del Señor en Londres, el 16 de Junio de 1960), se fueron agregando las asambleas que han ido surgiendo procedentes de la iglesia en C/ Trafalgar: C/ Pinzón, 16 (inicialmente en c/ Espinar, 48, barrio de Carabanchel), C/ Ofelia Nieto, 57 y C/ Tembleque, 140 (barrio de Aluche).

Sólo nos queda añadir, con profundo agradecimiento al Señor por aquellos que nos precedieron en la Fe y entregaron sus vidas en el servicio al Maestro, lo que encontramos en la Epístola a los Hebreos cap. 12, vers. 1 y 2: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.”

Y Hebreos cap. 13, vers. 7: “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta e imitad su fe”.

Amén.

Bibliografía

Revista "Edificación Cristiana", Noviembre-Diciembre 1988 / N 130. Título: "125 AÑOS DE TESTIMONIO BÍBLICO EN ESPAÑA - Asambleas cristianas de hermanos".

Libro: Roberto Chapman. Hermano y verdadero amigo de España. Frank Holmes. (Editorial Literatura Bíblica, 1969)

El "Escudriñador Bíblico" de fecha 16 de Octubre de 1947.